Con nuevos recursos que le darán una personalidad única, el Just Cause 2 es una inyección de adrenalina que habrá que tener en cuenta seriamente para el año próximo. Con un repertorio de misiones interesantes y un terreno enorme que podremos explorar con total libertad, por agua, tierra o cielo, Rico Rodríguez llega para quedarse.
Cuando un recurso hace a un juego
En mi intensa pero corta carrera como videojugador, no fueron pocos los juegos que se hicieron fama en base a un simple recurso que le sostiene todo el título. Para ser más claros les propongo pensar en estas preguntas: ¿qué sería del Max Payne sin el Bullet Time? ¿Qué sería el Wanted sin la posibilidad de cambiar la trayectoria de nuestros disparos? Serían juegos cualunques y olvidables.
Con esto no me estoy refiriendo a sus historias. El drama policial que esconde el Max Payne es terrible, muy pochoclero realmente. Se podrían ocupar muchas horas de serie y varias películas de Hollywood, pero aquel recurso (rasguñado de Matrix, todos los sabemos) fue fundamental para la vigencia de un título que nos regaló una experiencia nunca antes vivida: esa especie de detención del tiempo, en el cual lo imposible era realizable, pudiendo esquivar balas y dando balazos certeros mientras parecíamos flotar en el aire.
Del mismo modo una película que tenga a Angelina Jolie semidesnuda tiene la obligación de ser exitosa. Incluso me parece simpática la existencia de una suerte de cofradía de asesinos, y la típica historia del antihéroe americano que termina siendo el más capo de todos. Pero todos tenemos bien clarito que la baba se nos caía más por la comba que le daban los tipos a sus disparos, por la parábola de sus trayectos hasta las frentes de sus enemigos, que por esos escasos segundos de espalda desnuda de Angelina (ok, ahí también se me cayó un poco de baba, lo admito).


Just Cause 2 es la segunda parte de un juegazo que supo ver ese detalle que podría generar la verdadera diferencia, que lograría dejar este título en el paseo de la fama de los videojuegos. Avalanche Studios nos propone volvernos a encontrar con el gran Rico Rodríguez, el feroz agente de la CIA, quien ve interrumpida sus vacaciones en Sudamérica por un llamado de su compañera Maria Kane quien lo envía a una serie de islas malayas a solucionar un “problemita” que involucra a su tutor y encargado Tom Sheldon. En resumidas cuentas el hombre parece haberse pasado al otro lado (se volvió su enemigo, ¿en qué estaban pensando?).











