En la doctrina china y milenaria del Feng Shui, los objetos se cargan de significado. Ciertas cosas adquieren connotaciones determinadas que sirven a la hora de encontrar un equilibrio, por ejemplo, en nuestras casas. Se busca una determinada orientación geográfica, una gama determinada de colores, una exacta disposición de las aberturas y demás determinaciones que se suponen hacen a un mejoramiento de nuestra vida.
Los videojuegos, al igual que tener un rollo de papel higiénico sobre la mesa de la cocina o, peor aún, cerca de nuestro plato de comida, desde hace años (quizás desde la primera consola) tienen una connotación negativa, debido a las constantes acusaciones que reciben a diario. Se los tilda de violentos, solitarios, sedentarios, en fin, de aparatos que alienan a quienes los usan.
La Nintendo Wii es la nueva oportunidad que tienen las consolas para limpiar su honor y esa connotación tácita y negativa que tiene videojugar.

Existen dos lecturas posibles sobre este hecho:
Lo primero que resulta interesante pensar es que desde que salió la Wii, los juegos tienen una estética más infantil (no todos, por supuesto) que es un respiro frente a tanta violencia reflejada en nuestras pantallas. Pero aquí debemos tener en cuenta que si sospechamos de los videojuegos a la hora de tildarlos de formadores de personas violentas, por ejemplo (otro cargo de los que se acusa diariamente a las consolas), no debemos ignorar que la mayoría de los juegos se desprenden de situaciones reales de violencia que vivimos a diario. Es decir que, dejando de lado a aquellas historias que nacen de la fantasía como la arqueóloga Tomb Raider, los interminables zombies del Resident Evil o los alienígenas del Alien versus Predator, los juegos que mayor violencia tienen en su haber se gestaron tomando como referencia situaciones o historias reales de la actualidad o del pasado: Debido a la gran cantidad de accidentes viales que acosan a todos los países del mundo, se ha ideado un juego como el Carmaggedon que premiaba con puntos al conductor que atropellase a la mayor cantidad de zombies de la ciudad (hubo una primer versión de un juego similar donde eran personas normales las que se debían matar al volante, y si uno se detenía a observar a estos “zombies” en el juego, podía ver claramente que se trataba de ancianas, vagabundos y mujeres embarazadas).

Las guerras mundiales que nuestros abuelos vivieron en carne propia hoy se ven reflejados en shooters como el Medal of Honor (que nos hace vivir la crudeza de la guerra donde los soldados deben luchar por su propia existencia) y la desesperación que se vive a la hora de irrumpir en un lugar donde tu vida pende de un hilo, provocó la creación del Rainbow Six (donde nos ponemos en la piel de un agente SWAT, que es una profesión tan tremenda como real, enfrentándonos cara a cara con los más diversos delincuentes armados hasta los dientes).
Por lo tanto la violencia es una realidad diaria y es un poco facilista y carece de sentido echarle toda la culpa a las consolas y a los juegos de influir en los videojugadores, de acusarlos, de creerlos gestadores de violentos, cuando las peores historias reflejadas en nuestros videojuegos se nutren de hechos aberrantes que existen o existieron en nuestra realidad cotidiana.









